Para empezar debo decir que soy paisa. Nací en una ciudad rodeada de montañas, primavera, gente linda y muchos, muchísimos contrastes, dolores e historias. Nací en la ciudad que fue cuna del narcotráfico, pero también en la que es dueña de una pujanza y perseverancia propia de los que han tocado fondo y se rehúsan a volver.
Así que sí, nací en Medellín, ciudad que hasta hace poco fue protagonista del WUF7: El 7° Foro Urbano Mundial, en el que se habló de resiliencia, desarrollo sostenible y de la increíble transformación que ha tenido la ciudad en los últimos años.
En éstas fechas tan especiales es normal que la ciudad se vista de elogios y de una inusual equidad, en la que aquello y aquellos que no son agradables a la vista de los altos funcionarios, desaparecen. En pocos días se hacen grandes inversiones y la ciudad saca todo lo mejor de sí. Tal vez por todo lo anterior, las opiniones y críticas divergentes salen constantemente a la luz por éstos días.
He leído desde los comentarios más rosas y positivistas, hasta los más críticos e incrédulos ante la supuesta transformación de Medellín.
Qué pasa entonces? Quién tiene la razón sobre la realidad compleja y cambiante de ésta ciudad? Somos realmente una ciudad innovadora, incluyente, renovada y resiliente?
Cómo podemos si quiera pretender contestar éstas preguntas? Cómo pretender encerrar en unas pocas palabras la realidad de miles de residentes de ésta, una de las ciudades más desiguales de América Latina?
Sin embargo, si hay algo que se puede afirmar con toda certeza, es el pasado que carga Medellín a cuestas. Una historia y unas circunstancias que la desangraron de manera dolorosa, que le arrancaron sueños y vidas, y le mutilaron los pies con los que caminaba hacia un mejor futuro, arrastrando consigo a un país que empezaba a sufrir de ese cáncer que hizo metástasis en poco tiempo.
Así, Medellín se llevó a cuestas un peso que no pidió y que determinó cada uno de sus pasos de ahí en adelante. El narcotráfico, los paramilitares y todos los demás personajes también jugarían un rol protagonista en los pasos que ha dado la ciudad, porque, para qué engañarnos si sabemos que su legado es una realidad aún latente.
Es éste peso el que ha mantenido metido a Medellín en un pantanero que por muchos años no le permitió avanzar más que centímetros, que por momentos la ahogó y le quitó la respiración. Pero con los años hemos aprendido a caminar entre tanto desastre, a salir adelante con lo que se puede. Qué falta mucho? Muchísimo!! Nosotros aún no volamos porque el peso es demasiado y no somos lo suficientemente fuertes. Pero las escaleras eléctricas, el Metro, el Metrocable y todas esas innovaciones que nos dieron el título de la "más innovadora del mundo" nos han hecho caminar con un poco más de dignidad por la vida, de sonrisas ante las dificultades diarias. Sin querer decir que ese título se nos otorgó por la falta de problemas o porque hemos alcanzado un paraíso, así la Alcaldía y demás se cansen de decir y mostrar ésto al mundo. Esos títulos y ser la localidad de eventos mundialmente importantes como el WUF deberían ser una constante recordación de todo lo que falta por hacer, de todo lo que hay que esconder cuando "llega la visita", de la pobreza que se sigue viviendo, de la desigualdad e inequidad de las que somos testigos diariamente, de todo el mugre que se nos sigue pegando del pantanero en el que caminamos.
Medellín pagó un alto costo en el pasado y, en mi opinión, ha sido la transformación la forma de sanar que escogimos los paisas. La transformación no se realiza a costo del pasado, como lo dijo Juan Diego Restrepo en su columna de opinión, sino como respuesta una respuesta osada y valiente a éste.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe alegra mucho que te hayas dado a la tarea de escribir y de hacer público tu pensamiento y lo que sientes al respecto de varios temas.
ResponderEliminarFrente a lo que dices en tu texto, tengo que admitir de entrada que siempre he puesto en tela de juicio conceptos como "innovación" y "desarrollo", además de lo que los rodee en una publicación de carácter política, por una infinidad de motivos que no vienen al caso.
Específicamente en lo referente a Medellín, creo que sería más sensato hablar de múltiples Medellínes antes que de una sola ciudad que es de tal o cual manera y generalizarla, porque es evidente que habitan en este territorio más sistemas de pensamiento de los que imaginamos.
Frente a los devenires del narcotráfico y las culturas violentas tanto paisas como colombianas en general, prefiero no verlas como cargas, sino como simple historia, como manifestaciones culturales de lo que hemos venido siendo y lo que sigue habitando en nuestro diario vivir y en nuestra tradición; así nos evitamos cargarlas moralmente. Viéndolo de este modo, tanto lo que hay de narcotráfico como de violencia tienen tanto valor cultural para Medellín como el campesino con poncho y sombrero, con la aclaración que se ve más el narcotráfico y la violencia intrafamiliar que el campesino.
No obstante, me uno a tu deseo implícito de que como paisas demos lo mejor de nosotros para hacer de esta ciudad más que el fantasma de los muertos y un moridero para los vivos. Frente al pasado, antes que hacerlo olvido, prefiero asirlo como suelo fundante y estructurante de cualquier futuro posible para los que por cualquier azar de la vida seguimos vivos.